Ruta en camper por las Dolomitas: 9 días en pareja 🚐🏔️

Las Dolomitas son de esos lugares que, aunque los veas mil veces en fotos, siguen sorprendiéndote al verlos por primera vez en persona. Montañas con formas imposibles, lagos de color turquesa, prados verdes, carreteras de película… y todo junto en una misma zona. Es un sitio que combina paisajes brutales con rutas para todos los niveles, pueblos con encanto y mil planes al aire libre.

Lo cierto es que hacía tiempo que teníamos muchas ganas de descubrir estas montañas y finalmente nos decidimos a recorrerlas en camper. En ella, pasamos nueve días recorriendo lagos, montañas y pueblos alpinos que parecen sacados de un cuento, con salidas tempraneras, rutas espectaculares y algún que otro cambio de planes por culpa del clima. Aquí os dejamos nuestro recorrido, nuestras paradas favoritas y algunos consejos para que lo disfrutéis tanto como nosotros.

🚐 Día 1. De Barcelona a Bérgamo

Empezamos nuestro viaje desde Barcelona cogiendo un avión hasta el aeropuerto de Milán-Bérgamo, el cual es una de las puertas de entrada más comunes –junto a Milán-Malpensa y Venecia– para todo aquel que quiere visitar los Dolomitas.

En Bérgamo decidimos pasar una noche para visitar su centro histórico, pasear por la Città Alta y probar su gastronomía. La ciudad se ve rápido: con un día o dos es suficiente para conocer sus principales atractivos y, en nuestra opinión, vale la pena pasar una noche aquí antes de iniciar la ruta hacia Dolomitas. Si quieres saber más sobre esta ciudad, aquí te dejamos el artículo sobre qué ver en Bérgamo en un día.

🚐 Día 2. Rumbo a los Dolomitas en camper

Una vez dejamos el apartamento de Bérgamo, nos desplazamos hasta las oficinas de la compañía Roadsurfer, con la que alquilamos la camper para recorrer los Dolomitas durante 9 días. En el artículo Nuestra experiencia en camper por Dolomitas te contamos nuestra opinión, consejos y todo lo que necesitas saber sobre alquilar una camper en Bérgamo con Roadsurfer.

Llegamos antes de la hora de la entrega de la furgoneta, así que tuvimos que esperar un buen rato hasta que tuvieron todo listo. Ya por la tarde, una vez nos dieron la que sería nuestra casa para los siguientes 9 días, nos pusimos en marcha e hicimos las dos primeras paradas técnicas: llenar el depósito de aguas limpias en una fuente y hacer la compra en un supermercado.

Con esto hecho, empezamos, ahora sí, nuestro camino hacia los Dolomitas. Fueron unas tres horas y media por carretera, la mayoría de ellas por autopista, hasta llegar a nuestra primera parada: el Lago di Carezza. Llegamos cuando la noche ya había caído, así que estacionamos en este aparcamiento, donde dormimos prácticamente solos.

El parking es de pago entre las 19:00 y las 23:59 horas, así que, como llegamos a media noche, no tuvimos que pagar nada.

🌲⛰️ Día 3: Lago di Carezza + Torres de Vajolet

Como llegamos cuando la noche ya había caído, no pudimos contemplar el entorno y, de hecho, no sabíamos cómo era el paisaje que nos rodeaba. Al abrir las ventanas de la camper por la mañana, la sorpresa fue increíble: abetos verdes, montañas de piedra escarpadas y un cielo azul despejado nos dieron la bienvenida a los Dolomitas.

Después de desayunar contemplando las vistas, pusimos rumbo al lago, que está apenas a unos minutos caminando. El primer tramo del camino es simplemente precioso y sigue el curso de un arroyo. Poco después, empieza un segundo tramo que se adentra en el bosque de abetos y que, en pocos minutos, lleva al lago de Carezza.

Al lago llegamos temprano, cuando aún no había apenas gente, y estaba completamente en calma. El reflejo de las montañas y los abetos en el agua parecía de película. Paseamos por el sendero que lo rodea, haciendo mil fotos desde todos los ángulos, aunque ninguna le hacía justicia. Es un sitio pequeño, pero con una energía muy especial, ideal para parar, respirar y simplemente disfrutar del paisaje. Al rato, cuando ya iniciábamos el camino de vuelta, la zona se empezaba a llenar de turistas, así que vale la pena madrugar y contemplar el lago en calma, en silencio y sin mucha compañía. Este lago es, sin duda, uno de los sitios que no te puedes perder en Dolomitas y una de las mejores panorámicas de las que disfrutar en estas montañas.

Poco después, llegamos a la camper y pusimos rumbo hacia Vigo di Fassa, donde, después de comer, subimos en teleférico hacia las Torres de Vajolet. Nuestro consejo es que, si tenéis pensado subir a las Torres de Vajolet, lo hagáis por la mañana, ya que el último teleférico de vuelta sale sobre las 18:00h y, si subís después de mediodía, seguramente no os dará tiempo de hacer la ruta completa ida y vuelta.

En la taquilla del teleférico, puedes comprar un billete de ida y vuelta (tiene que ser para el mismo día) o, si tienes pensado hacer noche en uno de los refugios, puedes comprar solo ida y al día siguiente comprar la vuelta. Si lo compras conjunto el precio son 27 euros, mientras que si lo compras individualmente son 15 euros por trayecto. Consulta meses de apertura y horarios aquí.

Una vez bajamos del teleférico, iniciamos la ruta por el sendero 540 y, unos kilómetros más adelante, cogimos el sendero 546 que nos llevaría hasta el refugio Vajolet. Lamentablemente, se nos hizo tarde y no pudimos hacer el último tramo, el cual lleva hasta los refugios Re Alberto y Santner, porque el último teleférico salía a las 18h y teníamos que hacer todavía el camino de vuelta, ya que todos los refugios estaban llenos. Si quieres ver detalles sobre la ruta, te dejamos aquí nuestro artículo INSERTAR ARTÍCULO CUANDO ESTÉ HECHO.

Esa noche dormimos en un parking gratuito en Castelrotto con baños públicos al lado (que, si viajas en camper, te vendrán genial). En este parking pernoctamos dos noches.

🌿 Día 4. Alpe di Siusi

Nos levantamos bien temprano para poner rumbo al Alpe di Siusi (Seiser Alm), un sitio que teníamos muchísimas ganas de conocer. Es el altiplano más grande de Europa y, sinceramente, uno de los lugares más bonitos que hemos visto en los Dolomitas. Eso sí, ojo con la carretera, porque desde las 09:00 hasta las 17:00 no se puede subir en coche si no estás alojado allí arriba. Así que lo ideal es hacer como nosotros: madrugar un poco, subir antes de las 9 y aparcar tranquilamente.

Dejamos la camper en este parking gratuito, que está súper bien ubicado para empezar a caminar. A partir de ahí… magia. Prados verdes a más no poder, montañas como telón de fondo, vacas pastando, ciclistas por todas partes y un silencio solo roto por los cencerros.

Aunque es una zona bastante conocida, no se siente para nada masificada. Hay tantos caminos y tanto espacio que puedes pasear sin cruzarte con mucha gente si no quieres. Nosotros hicimos una ruta muy sencilla de unas 2-3 horas, sin rumbo, perfecta para ir sin prisas, parar a hacer fotos o simplemente sentarse a mirar el paisaje. De fondo, las siluetas del Sassolungo y Sassopiatto, que parecen sacadas de una postal. Si te gusta la bici, este sitio es indicado para ser recorrido sobre dos ruedas, pero andando también se disfruta muchísimo.

Durante el paseo hay varias cabañas y refugios donde puedes tomarte algo o comer con vistas de escándalo. Nosotros no paramos a comer porque queríamos aprovechar el fresquito de la mañana para caminar, pero hay opciones de sobra.

Si no te apetece caminar tanto, hay una alternativa genial: puedes alquilar bicis allí mismo. Hay varias tiendas y puntos de alquiler (algunos incluso con e-bikes), así que es súper fácil organizarte. De hecho, es una opción muy popular para recorrer los senderos del altiplano sin tanto esfuerzo y viendo un montón de paisaje en poco tiempo. Si te gusta pedalear, este sitio te va a flipar.

Por la tarde, pasadas las 17:00, bajamos de nuevo hacia Castelrotto, que era nuestro «campamento base», y nos tomamos la tarde con calma para descansar, echar un vistazo a las fotos del día (que parecen sacadas de un catálogo) y recargar pilas para el día siguiente.

🏔️ Día 5. Seceda

Este día era uno de los más esperados del viaje, aunque en realidad no estaba en nuestros planes iniciales. La idea original era hacer otra ruta, pero al mirar la previsión vimos que el día iba a estar despejado en Seceda, algo que no siempre ocurre, así que decidimos improvisar y aprovechar la oportunidad. En esta zona es fundamental ir revisando el tiempo constantemente y ser flexibles: las montañas mandan y el clima puede cambiarlo todo

Salimos temprano hacia Ortisei, un pueblo con mucho encanto en pleno corazón del Val Gardena, donde dejamos la furgoneta en este aparcamiento junto al teleférico. El billete no es precisamente barato —unos 52 € por persona ida y vuelta—, pero en cuanto subes y ves lo que te espera arriba, entiendes que cada euro ha sido bien invertido. Otra opción es llegar a Seceda andando, lo cual te tomará varias horas, pero, si quieres hacer la ruta circular una vez estés arriba, es posible que si subes andando ya no te quede energía.

El teleférico asciende en pocos minutos, pero la sensación es que vas dejando atrás el valle para adentrarte en otro mundo. Al llegar a la meseta de Seceda, se abre ante ti una de las imágenes más icónicas de todas las Dolomitas: un horizonte de picos afilados que se elevan de golpe, como si fueran cuchillas de piedra rasgando el cielo. Es un paisaje que seguramente ya habías visto en fotos, pero estar allí en persona lo multiplica es más impresionante.

Desde la estación superior parten varias rutas perfectamente señalizadas, de distinta duración y dificultad, lo que convierte a Seceda en un paraíso para senderistas. Nosotros optamos por caminar hacia el Refugio Firenze, una caminata de unas dos horas que discurre entre prados verdes salpicados de flores silvestres. El camino, amplio y agradable, invita a detenerse a cada rato: cada pocos metros aparece un nuevo ángulo de las Odle, siempre majestuosas.

El refugio es un lugar perfecto para descansar y reponer fuerzas. Ofrecen platos de cocina típica tirolesa, sencillos pero contundentes, y nada sienta mejor que llenar el estómago con vistas a las montañas. Allí mismo podrías pasarte horas simplemente sentado, observando el paisaje que te rodea. Después de descansar un rato, deshicimos el camino para llegar, de nuevo, al inicio de la ruta.

Y cuidado, porque el tiempo aquí es caprichoso. En cuestión de minutos puedes pasar de un sol radiante a un cielo cubierto de nubes que cambia por completo el paisaje. A nosotros nos recibió un día despejado y luminoso, pero pronto las nubes comenzaron a envolver las cimas. Pensábamos que nuestro día ya se acababa ahí, pero tuvimos un poco de paciencia y las nubes se fueron.

Tras disfrutar a fondo de Seceda y regresar en teleférico a Ortisei, continuamos la ruta hacia la Val di Funes, una de las postales más famosas de los Dolomitas. En esta zona no hay demasiados lugares donde vaciar y llenar aguas grises, así que decidimos pasar la noche en este camping. Pagamos 35 € por una noche, un precio razonable teniendo en cuenta los servicios: duchas calientes, electricidad y, sobre todo, unas vistas abiertas al valle que hacían difícil quedarse dentro de la furgoneta. Recomendamos reservar con antelación, ya que nosotros llamamos el día anterior y conseguimos el último sitio disponible.

La guinda del día llegó al atardecer, cuando nos acercamos andando a la iglesia de San Giovanni in Ranui, que se encuentra a menos de 10 minutos andando desde el camping. Ese pequeño templo, rodeado de prados y con las Odle teñidas de rosa por los últimos rayos del sol, es simplemente mágico. La escena parecía pintada a mano: un lugar diminuto y humilde, enmarcado por una de las cadenas montañosas más espectaculares de Europa. Fue uno de esos momentos que justifican un viaje entero.

📝 Recomendación: si disponéis de más días que nosotros, merece muchísimo la pena hacer la ruta hasta el Refugio Odle. Es una ruta algo más larga, que se adentra al pie de las montañas y ofrece vistas aún más espectaculares de las agujas de piedra. Nosotros no pudimos hacerlo por falta de tiempo, pero es una excursión muy recomendada para quienes puedan dedicarle una jornada entera a la zona. Además, el camping donde nos alojamos es un excelente punto de partida, ya que desde allí se pueden enlazar fácilmente varias rutas de senderismo que llevan hasta los refugios y miradores más emblemáticos del valle.

🌄Día 6: Val di Funes y ruta por los lagos

Por la mañana paseamos tranquilamente por el pueblo de Santa Maddalena, disfrutando de la tranquilidad y los prados verdes que lo rodean. Visitamos la Iglesia de Santa Maddalena y el pequeño cementerio que la rodea y nos perdimos por los distintos caminos que transcurren por el valle y que ofrecen unas panorámicas inolvidables.


Después de despedirnos con mucha pena de este valle, pusimos rumbo a nuestro siguiente destino: el famosísimo Lago di Braies. La carretera hasta allí es bonita, con vistas a los picos y prados de los Dolomitas que te van metiendo en ambiente incluso antes de llegar.

Aparcamos un poco antes del acceso principal en este aparcamiento gratuito y caminamos unos 30 minutos hasta el lago. En nuestro caso, el día estaba nublado, así que el agua no se veía tan clara ni reflejaba tanto como habíamos visto tantas veces en fotos. Además, al ser tan famoso, estaba muy masificado, con turistas por todos lados. Pese a todo, rodear el lago andando tuvo su encanto: cada rincón tenía un encuadre digno de fotografía y la sensación de estar en plena naturaleza se mantenía a pesar de la gente. Aun así, de todas nuestras paradas en Dolomitas, fue la que menos nos sorprendió e impresionó.

Aquí también se pueden alquilar las barcas de madera tan típicas, que tienen un precio de 15 euros por persona si se alquilan de forma compartida y 50 euros si se alquilan de manera privada. Nosotros no la cogimos porque el lago estaba abarrotado, pero si vais temprano seguro que la experiencia merece la pena, especialmente con un día despejado, cuando el lago refleja el cielo y las montañas como un espejo.


Tras disfrutar de Braies, seguimos la ruta visitando otros lagos de la zona: Dobbiaco, Landro y Misurina. Cada uno tiene su encanto, pero son lagos más pequeños que Braies, y se recorren relativamente rápido. Sin embargo, todos ellos ofrecen rincones tranquilos donde estirar las piernas y sacar fotos. A nosotros nos gustó más el lago Dobbiaco, por ejemplo, que Braies, no por su espectacularidad sino por la paz y la tranquilidad que se respiraba, ya que éramos las únicas personas allí.

Para dormir esa noche buscamos un lugar práctico y gratuito a los pies del Lago Antorno, donde hay un parking para furgonetas y autocaravanas en el margen de la carretera. La ubicación es perfecta: al lado de la parada de autobús que sube a las Tres Cimas, con vistas al agua y rodeados de naturaleza. Ojo, porque el lado en el que se encuentra el restaurante es gratuito, pero el lado contrario es de pago así que, como es lógico, el lado gratuito se llena mucho más rápido que el de enfrente. Te dejamos el enlace con la ubicación del aparcamiento aquí.

💡 Recomendación: si vuestro plan incluye varios lagos, considerad pasar la noche cerca de Antorno o Misurina; así podéis aprovechar la mañana siguiente para hacer fotos con luz más suave y evitar las multitudes de turistas que llegan más tarde.

🏔️ Día 7. Tre Cime di Lavaredo

La mañana empezó de la mejor manera: amanecimos con un cielo despejado, desayunando con vistas al lago Antorno y con las montañas que forman la cadena de Misurina al fondo. Poco después, el bus hacia las Tres Cimas nos recogió justo a los pies de la camper. Nada de mover la furgoneta, buscar aparcamiento o cargar mochilas. El billete costaba 5 € por persona y en apenas unos minutos estábamos en la base de las míticas Tres Cimas di Lavaredo, uno de los iconos más impresionantes de Dolomitas. El autobús es una buena opción si no quieres pagar los 60 euros que cuesta, cada 12 horas, aparcar en el parking que hay en el inicio de la ruta a las Tres Cimas, aunque dormir allí arriba en un día despejado tiene que ser una experiencia inolvidable.

Decidimos hacer la ruta circular que rodea las tres cimas. Aunque en muchas páginas leímos que era una ruta muy fácil, la verdad es que no es un paseo completamente llano. Hay algunos tramos de subidas que son relativamente exigentes, aunque no requieren ningún tipo de conocimiento en montaña. Desde el inicio hasta el Refugio Lavaredo, el camino es bastante llano y apto para prácticamente todo el público. A partir de entonces, hay tramos cómodos y otros exigentes, pero, aun así, la ruta es apta para prácticamente todos los públicos. Lo bueno es que nos detuvimos cada pocos minutos a hacer fotos, así que se hace mucho más llevadera y permite disfrutar del paisaje sin agobios.

El recorrido es espectacular: cada paso ofrece un panorama nuevo, entre picos afilados, prados y lagos de montaña. Nosotros tardamos unas tres horas, parando constantemente a fotografiar cada rincón. Las cimas, el juego de luces y sombras, las nubes moviéndose lentamente… todo invitaba a quedarse un rato en cada mirador, aunque a ratos prácticamente no se veían las tres cimas. De hecho, durante toda la mañana se alternaron los momentos en que el cielo estaba despejado con momentos en que se tapaba el cielo por completo. Si quieres saber más sobre la ruta en las Tres Cimas, te dejamos aquí el artículo sobre la ruta circular en Tre Cime di Lavaredo.


Una vez acabamos la ruta circular, queríamos continuar hacia la cadena de Misurina, cuya ruta empieza cerca del Refugio Auronzo, pero de un momento a otro la niebla se cerró por completo y no se veía absolutamente nada. Por seguridad y porque perderíamos toda la panorámica, decidimos bajar en autobús hasta la camper. Fue una pena no poder completar la excursión, pero la montaña manda y la decisión fue la más sensata.

Por la tarde, nos lo tomamos con mucha calma. Una lluvia suave comenzó a caer, la camper estaba calentita y el Lago Antorno justo delante nuestro, reflejando la luz gris del cielo. El sonido de las gotas sobre el techo y la tranquilidad del entorno crearon un planazo inesperado: descansar, leer un rato, mirar el paisaje y simplemente desconectar. Fue un contraste perfecto con la mañana intensa y un recordatorio de que, a veces, los momentos más simples son los que más se disfrutan.

💡 Recomendación: si os toca lluvia, aprovechad para relajaros en un lugar cómodo y contemplar el entorno; es parte de la magia de las Dolomitas.

🌄 Día 8. Cadini di Misurina y Cortina d’Ampezzo

El día anterior nos quedamos con las ganas de ver la Cadena de Misurina, así que esa mañana volvimos a esperar al autobús y pusimos rumbo hacia arriba, con ganas de aprovechar el día y disfrutar del paisaje desde primera hora.

La ruta de Cadini di Misurina comienza cerca del Refugio Auronzo, justo en el área donde deja el autobús. Desde allí el camino está bien señalizado y en pocos minutos ya te encuentras rodeado de prados y formaciones rocosas que anuncian lo que viene. La ruta es relativamente corta, unos 30 minutos hasta el mirador principal, pero no por ello menos espectacular: a cada paso se abren panoramas impresionantes, con picos afilados y estéticos que contrastan con las praderas que se dejan ver al fondo del paisaje.

Es importante tener en cuenta que, aunque la ruta es fácil y poco técnica, hay algunos tramos un poco estrechos y con caída a un lado, por lo que en caso de mal tiempo o lluvia pueden volverse resbaladizos y peligrosos, y tampoco son los más indicados para personas con miedo a las alturas o vértigo. Aun así, para gente sin problemas de movilidad ni vértigo, la ruta es completamente segura y muy disfrutable.

Personalmente, esta ruta fue uno de los paisajes más impresionantes de todo el viaje. Al final del recorrido se puede descansar un momento y simplemente contemplar el paisaje, respirando el aire puro de alta montaña y sintiendo la magnitud de los Dolomitas a vuestro alrededor.


💡 Recomendación: bajo nuestro punto de vista, esta ruta (Tre Cime y Cadini di Misurina) es imprescindible en cualquier viaje a las Dolomitas. Si tenéis tiempo, podéis combinarla con vistas al Lago Misurina u otras rutas cercanas para aprovechar al máximo la zona.

Por la tarde, pusimos rumbo de bajada, disfrutando de las últimas vistas de las Dolomitas mientras nos acercábamos al valle. Nos habría gustado hacer la ruta del lago de Sorapis, la cual estaba en nuestros planes pero, de nuevo, la niebla espesa y la lluvia no acompañó. Por ser una ruta relativamente larga y con algunos pasos aéreos, pensamos que, sin visibilidad y con el suelo resbaladizo, sería mejor dejarla para otra ocasión.

Después del cambio de planes, llegamos a Cortina d’Ampezzo, un pueblecito encantador con calles empedradas, cafeterías y tiendas alpinas que invitan a pasear sin prisas. Aprovechamos para dar un pequeño paseo, tomar un café y empaparnos del ambiente alpino mientras el sol empezaba a descender.

Cuando anocheció, pensamos que sería buena idea subir al Passo Giau, que se encuentra a unos 40 minutos de Cortina d’Ampezzo. La carretera tiene muchas curvas, y quizá de noche no sea el mejor momento para recorrerla (no por peligrosidad, sino por perderte las vistas de este puerto de montaña). Eso sí, nos cruzamos con algún que otro ciervo, incluso con algún zorro, así que hay que ir con ojo.

Para aparcar, hay pequeños descampados en muchas de las curvas del puerto, algunos más llanos que otros. Esto permite encontrar un sitio relativamente seguro para la camper, aunque siempre hay que mirar bien el terreno antes de detenerse, especialmente de noche o con niebla.

Una vez llegamos arriba, la niebla y la oscuridad no nos dejaban ver nada, así que realmente no sabíamos dónde estábamos dejando la camper, pero confiamos en este aparcamiento que habíamos visto en Google Maps y Park4Night.

🚐 Día 9. Passo Giau, Alleghe y Verona

Nos despertamos con un cielo nublado, pero aún así las vistas desde el lugar donde dormimos la noche anterior eran espectaculares, con vistas a Ra Gusela. La sensación de que el viaje estaba llegando a su fin nos dio un poquito de nostalgia, pero también muchas ganas de aprovechar las últimas horas entre montañas.

Por la mañana nos hubiese gustado hacer un poco de senderismo por el Passo Giau o incluso hacer la ruta de Le Cinque Torri, pero, de nuevo, la niebla se cerró de un minuto a otro y era imposible ver a más de 5 metros. Del paisaje de la foto de la izquierda, pasamos al de la derecha en pocos segundos.

Como no se veía absolutamente nada, decidimos abortar misión y cambiar nuestro planning para ese día: finalmente, decidimos visitar primero Alleghe y después Verona, donde haríamos noche para visitar la ciudad y estar algo más cerca de Bérgamo, donde la mañana siguiente tendríamos que entregar la camper.

Emprendimos ruta hacia Alleghe, un pueblecito encantador a orillas de su lago. Es un lugar pequeño y fácil de recorrer, pero que tiene mucho encanto. Paseamos junto al lago, respirando el aire puro de montaña y disfrutando del reflejo de los picos en el agua. Se notaba la calma del lugar, muy diferente al bullicio de los lagos más turísticos, y fue un momento perfecto para desconectar y saborear los últimos paisajes alpinos antes de abandonar la región.

A mediodía llegamos a Verona, donde dejamos la camper en el Camping Verona Village, un camping bien comunicado con el centro de la ciudad. Nada más llegar aprovechamos para ducharnos en sus cómodas instalaciones y cargar baterías; después de tantos días de ruta, una ducha caliente siempre se agradece muchísimo. La noche nos costó 36 €, un precio muy razonable por todas las comodidades que ofrecía.

💡 Recomendación: si vais a Verona, reservad cualquier camping con antelación. Nosotros fuimos sin reserva y nos costó bastante encontrar uno libre. Al final encontramos este, un poco más apartado de la ciudad, pero muy bien comunicado con el autobús, lo que nos permitió llegar al centro en apenas un minuto andando hasta la parada.

Con energías renovadas, nos preparamos y en apenas un minuto andando llegamos a la parada de autobús que estaba justo en la puerta del camping. El bus nos dejó directamente en el centro de Verona, y pasamos la tarde paseando por sus calles llenas de historia: plazas animadas, fachadas medievales, puentes sobre el río Adigio y rincones que parecen sacados de otra época. No faltaron las fotos de la famosa Arena de Verona, así como cafés y helados mientras nos empapábamos del ambiente veronés. Si quieres saber más sobre qué ver en Verona, te dejamos aquí nuestro artículo de qué ver en Verona en un día.

Al caer la noche, volvimos en bus hasta el camping, donde pudimos descansar y coger fuerzas para el último tramo del viaje. Fue un cierre perfecto a unos días intensos en las montañas, mezclando naturaleza, aventura y cultura, y dejando la sensación de que, aunque el viaje terminaba, nos llevábamos recuerdos que permanecerán para siempre.

Día 10. Despedida

El último día comenzó con un poco de nostalgia: tocaba dejar el camping en Verona y poner rumbo a Bérgamo para devolver la camper. Tras desayunar y organizar nuestras cosas, arrancamos la camper y nos despedimos de Verona con una última mirada a sus calles llenas de historia.

El trayecto hacia Bérgamo fue tranquilo, pero con algo de tensión: había que devolver la camper a tiempo y con todo en orden. Llegamos a la nave de Road Surfer en el polígono apartado, devolvimos la camper de manera muy rápida y, una vez entregada, tocó lidiar con el transporte hacia el aeropuerto.

El polígono está muy mal comunicado, así que nos tocó optar por transporte público, cargando con maletas y todo el equipaje por calles poco aptas para el peatón. El camino no fue el más cómodo, pero finalmente llegamos a la estación de tren para ir al aeropuerto y desde allí continuamos nuestro viaje de vuelta a casa.

Nos quedaron varias cosas pendientes, como el Lago di Sorapis o llegar hasta la cima de las Torres de Vajolet, pero eso solo significa que tenemos una excusa perfecta para volver a Dolomitas.

Cerramos el viaje con una sonrisa, llenos de recuerdos, fotos y la certeza de que estas montañas siempre nos van a esperar y de que volveremos.  

Conclusión del viaje

Este viaje no solo nos regaló vistas increíbles y aventuras al aire libre, sino también la sensación de libertad y desconexión que solo la montaña puede ofrecer. Si te gusta mínimamente la montaña, los paisajes alpinos de los Dolomitas te dejarán sin palabras.

Ha sido una mezcla perfecta de aventura, naturaleza y cultura. Desde los impresionantes paisajes de Seceda y las Tres Cimas, hasta los lagos cristalinos y los pequeños pueblos alpinos como Alleghe, cada día ofreció experiencias únicas que nos hicieron sentir la magnitud de las Dolomitas.

¿Recomendaríamos este viaje? Sí. Las Dolomitas (y, en nuestro caso, Bérgamo y Verona) combinan paisajes de ensueño, cultura y comodidad, y son perfectas para quienes buscan un viaje lleno de emoción, belleza y paisajes únicos.

📝 Recomendaciones antes de viajar a Dolomitas

– Madrugar: los lagos y rutas más famosas se llenan rápido, especialmente en verano.

– Flexibilidad: el clima puede cambiar planes, adaptad la ruta según la previsión. Revisad la previsión del tiempo, especialmente para Seceda y Tre Cime.

– Parkings y servicios: buscad dónde llenar y vaciar agua en la camper, así como dónde está permitido pernoctar; no siempre es fácil. La aplicación Park4Night es muy útil para buscar zonas donde estacionar, acampar, vaciar o llenar agua.

– Tiempo ideal: 9-10 días permiten ver lo esencial, pero hay cientos de rincones extra por descubrir. ¡Cuantos más días estéis, mejor!

– Ropa de abrigo: en la montaña, el tiempo es cambiante y, por lo tanto, es mejor ir bien preparado, tanto de ropa como de zapatos. Haz click aquí para ver el post de: Qué llevar en tu maleta para Dolomitas.

En resumen: planificación, respeto por la naturaleza, equipamiento adecuado y flexibilidad son la clave para disfrutar al máximo de las Dolomitas. Con estos puntos en cuenta, el viaje puede convertirse en una experiencia inolvidable, llena de paisajes de ensueño y aventuras únicas.