Guía de viaje a Maldivas en 10 días
¿Quién no ha soñado con viajar a Maldivas? Playas de arena blanca, agua turquesa y puestas de sol de película… lo típico que parece inalcanzable por el presupuesto. Pero no lo es. Si no quieres gastar un riñón en tu viaje a Maldivas, puedes alojarte en islas locales en lugar de resorts. Nosotros visitamos Maafushi, Dhiffushi y Fulidhoo, y fue una experiencia increíble: no solo disfrutamos de playas igual de paradisíacas y snorkel entre peces de colores, sino que también conocimos la vida cotidiana de los maldivos, sus costumbres y su cultura. Y lo mejor, sin aglomeraciones ni precios desorbitados. Con más de 200 islas habitadas, tienes un montón de opciones para descubrir las Maldivas más auténticas sin renunciar a la postal de arena blanca y agua cristalina.
Si quieres conocer más sobre las Maldivas, descubrir consejos prácticos, ideas para tu ruta o inspirarte con nuestras experiencias, te invitamos a leer este artículo. Y, si todavía quieres más información sobre qué hacer en Maldivas, cómo moverte entre las distintas islas, dónde alojarte, qué islas para visitar o cuánto nos costó nuestro viaje, te dejamos los siguientes artículos:
Qué islas visitar en tu viaje a Maldivas
Cómo ir en ferry de Malé a Maafushi, Dhiffushi y otras islas
¿Cuánto cuesta viajar a Maldivas? Presupuesto de un viaje de 10 días
Cómo moverse entre islas en Maldivas
Las mejores actividades para hacer en Maafushi
Consejos para ir a Maldivas por primera vez
Carrete fotográfico de nuestro viaje a Maldivas
A tener en cuenta antes de viajar
Antes de empezar con nuestra ruta por Maldivas en 10 días, hay algunas consideraciones previas a tener en cuenta antes de viajar, tanto en lo que respecta a la entrada al país como lo que se refiere a tu estancia allí.
📝 Visado: para ciudadanos españoles no hace falta visado, por lo que no tendrás que preocuparte en este aspecto. No obstante, es obligatorio completar el formulario de declaración del viajero conocido como IMUGA. Este formulario es gratuito y debe ser rellenado en línea dentro de las 96 horas previas a la salida del vuelo hacia Maldivas. Al completarlo, se genera un código QR que puede ser requerido al llegar al país.
💉 Vacunas: para viajar a Maldivas no hay ninguna vacuna obligatoria, excepto si viajas a las Maldivas desde (o has transitado en los últimos 5 días por) un país con riesgo de transmisión de fiebre amarilla. Pese a lo anterior, se recomienda estar vacunado contra la DTP (Difteria-Tétanos-Poliomielitis), Hepatitis A y B, fiebre tifoidea y contra el sarampión, paperas y rubéola.
🏥 Seguro de viaje: como en cada viaje en el que contratamos un seguro, lo hicimos con IATI y, concretamente, contratamos el «Pack Mochilero», ya que éste cubre algunas actividades como el snorkeling o el buceo. Esta vez sí tuvimos que hacer uso del mismo por un contratiempo que sufrimos en Maafushi y la respuesta por parte de la compañía fue excelente.
📱 Tarjeta SIM: si bien en otros viajes hemos contratado una tarjeta SIM con Holafly, en este caso nos decantamos por Ooredoo y reservamos, todavía en España, una tarjeta para 10 días con 70gb por unos 40 euros. Al llegar al aeropuerto, la recogimos y nos funcionó sin problema durante todo el viaje.
💶 Moneda: la moneda oficial de Maldivas es la rupia maldiva (o rufiyaa en maldivo), aunque en la mayoría de establecimientos aceptan también dólares estadounidenses e incluso euros. En nuestro caso, desde España llevamos dólares y euros y, una vez en el aeropuerto, cambiamos parte de éstos por rupias.
En cuanto al cambio de moneda, en el aeropuerto de Malé hay casas de cambio, aunque no recomendaría realizar el cambio allí. No obstante, en el mismo aeropuerto también existe la posibilidad de hacer el cambio de moneda con algún que otro local que, seguramente, se acercará a ti y te ofrecerá un tipo de cambio mucho más ventajoso que el que ofrecen las casas de cambio oficiales. En todo caso, antes de realizar el cambio de moneda, infórmate sobre el tipo de cambio oficial en ese mismo día y valora las distintas opciones y, ante la duda, puedes cambiar moneda antes de viajar hacia Maldivas.
💳 Tarjeta de débito: además del pago en efectivo, en Maldivas cuenta con cada vez más establecimientos que aceptan pagos mediante tarjeta de débito o de crédito. En nuestro caso, utilizamos nuestras tarjetas Revolut y, si bien no nos hizo falta sacar dinero de ningún cajero, pagamos en varios comercios con ella. La ventaja principal es que aplica el tipo de cambio real, es decir, el mismo que puedes encontrar en Google, y no el inflado que suelen aplicar muchos bancos tradicionales. Además, no cobra comisiones ocultas en la mayoría de divisas.
🕌 Cultura y religión: en Maldivas, la religión principal es el Islam, así que siempre conviene respetar las tradiciones locales. Si quieres ponerte bikini, recuerda que solo está permitido hacerlo en las bikini beaches; en el resto de playas, lo mejor (estemos de acuerdo o no) es vestir con un bañador y, fuera de la playa, con ropa discreta. Así podrás disfrutar del paraíso sin problemas y de forma respetuosa con la cultura local.
¿Cuál es la mejor época para viajar a Maldivas?
Las Maldivas son un destino soñado durante todo el año, pero el clima tropical marca diferencias importantes según el mes en el que viajes. Aunque las temperaturas son constantes todo el año, el archipiélago tiene básicamente dos estaciones determinadas por los monzones:
Estación seca
🗓️ La estación seca (monzón de invierno) se extiende de noviembre a abril.
☀️ Encontrarás cielos despejados, mucho sol, mares calmados y una humedad más baja.
🏊♂️ Es el momento perfecto para actividades acuáticas como el buceo o el snorkel, ya que la visibilidad bajo el agua es mejor que en la estación húmeda.
💶 Es la temporada alta en Maldivas y la más recomendada para viajar, pero, en contrapartida, los precios de vuelos y alojamientos suelen ser más elevados.
Estación húmeda
🗓️ La estación húmeda (monzón de verano) se extiende de mayo a octubre.
🌧️ Durante estos meses llega el monzón del suroeste, con más lluvias y vientos, aunque éstos suelen ser intensos pero de corta duración.
💶 Es una temporada más tranquila y económica.
¿Cuándo viajar a Maldivas?
Si buscas un viaje seguro en cuanto a clima (sol y aguas tranquilas), lo ideal sería ir de noviembre a abril (y, concretamente, de diciembre a marzo). Si, por el contrario, buscas un viaje más económico y con menos gente, te convendría ir de mayo a noviembre, sabiendo que puedes tener lluvias intensas y pasajeras.
Dato: Durante nuestra estancia en Fulidhoo tuvimos la oportunidad de conversar con una mujer de la comunidad que nos explicó cómo están cambiando los monzones en la región debido al cambio climático. Según nos contó, los patrones de lluvia que antes eran predecibles ya no lo son tanto: la estación seca, que tradicionalmente iba de diciembre a marzo, a veces llega más tarde o se ve interrumpida por lluvias inesperadas, y el monzón húmedo de mayo a noviembre ha empezado a mostrar variaciones en intensidad y duración.
En nuestro caso, que viajamos a Maldivas en noviembre, llovió durante un día y medio prácticamente sin descanso. El resto de días, pese a estar ligeramente nublado, salió el sol lo suficiente como para poner a prueba el protector solar, la gorra y la sombrilla.
Nuestra ruta por Maldivas en 10 días
Día 1: Llegada a Malé y traslado a Dhiffushi
Día 2: Dhiffushi
Día 3: Dhiffushi
Día 4: De Dhiffushi a Maafushi
Día 5: Excursión con iCom
Día 6: Maafushi
Día 7: De Maafushi a Fulidhoo
Día 8: Fulidhoo
Día 9: Fulidhoo
Día 10: De Fulidhoo a Malé y vuelta a casa
Día 1 – Llegada a Malé y traslado a Dhiffushi
Nuestro alojamiento en Dhiffushi: Portia Hotel & Spa
Después de una escala en Estambul, llegamos a media mañana al aeropuerto de Malé. Desde allí, cogimos un speed boat que habíamos concertado previamente con nuestro alojamiento y que nos llevó hasta nuestra primera parada: Dhiffushi.
Allí nos recibió parte del personal del hotel, el cual nos ayudó a cargar las maletas en el buggy (de los de golf, no de los de Mad Max) que vino a recogernos y en el que nos trasladaron a la que sería nuestro alojamiento para las tres primeras noches del viaje. Al llegar al hotel, nos recibieron con algo de comida y bebida, lo cual, después del viaje, agradecimos encarecidamente.
Ya después de comer, fuimos a explorar algunas de las playas de la isla y pasamos toda la tarde alternando el agua con la arena y el snorkel con los ratos de relax, hasta que el sol se empezó a poner y nos regaló nuestro primer anochecer en Maldivas. Cuando anocheció, paseamos por la isla y pudimos ver lo pequeña que era, ya que para ir de un extremo a otro se tarda poco más de 15 minutos a paso tranquilo.
Días 2 y 3 – Descubriendo Dhiffushi
Durante el segundo y tercer día de nuestra estancia, seguimos disfrutando de las que serían nuestras dos playas favoritas de Dhiffushi: la playa norte y la playa sur, y es que la isla cuenta con dos bikini beaches muy distintas, cada una con su encanto.
La playa norte, frente a un resort, suele tener algo más de gente, pero sigue siendo perfecta para tomar el sol y hacer snorkel, con aguas turquesas y arena blanca. Allí también nos animamos a dar un paseo en kayak, una forma divertida de ver la isla desde otra perspectiva
La playa sur, en cambio, es todavía más tranquila y alejada de las construcciones de la isla. Un lugar ideal para relajarse, hacer snorkel y disfrutar de la calma absoluta rodeados del agua turquesa. Sin duda, uno de nuestros mejores recuerdos de Maldivas.
Aunque antes de viajar habíamos leído que estas playas no estaban entre las más espectaculares de Maldivas, nos encantaron. No solo por los tonos turquesa de sus aguas y sus playas de arena blanca, sino por la tranquilidad que se respiraba en la isla, en la que apenas nos encontrábamos con otros turistas. Eso sí, cuando fuimos (en noviembre de 2023), estaban construyendo varios hoteles de en la isla, así que puede ser que, a día de hoy, la isla absorba más turismo que en aquel entonces.
Para acabar ambos días, contemplamos los increíbles atardeceres y, cuando oscurecía, paseamos por la isla y la recorrimos de arriba a abajo, pasando por delante de la escuela, del campo de fútbol y de casas donde residen los habitantes de la isla, a los cual (especialmente a los hombres) se les podía ver sentados en la puerta hablando distendidamente y mostrando un ritmo de vida muy diferente al que estamos acostumbrados.
Día 4 – Traslado a Maafushi
Nuestro alojamiento en Maafushi: Kaani Palm Beach
El cuarto día arrancó con maletas en mano rumbo al ferry que nos llevaría de Dhiffushi a Maafushi. Como en cada traslado, el personal del hotel nos acompañó hasta el puerto, se despidió y esperó a que zarpara nuestro ferry.
El ferry 308 llegó con algo de retraso (algo muy normal en Maldivas), y durante unas dos horas pasamos por islas como Himmafushi, Huraa o Thulusdhoo hasta llegar a Malé, donde hicimos transbordo. Tras esperar unos 45 minutos, embarcamos en el ferry 309 hacia Maafushi, con una parada rápida en Gulhi antes de llegar a nuestro destino. Los ferries públicos no son lujosos: bancos de madera, ventiladores a medias y mucho equipaje a bordo, pero compartir trayecto con la gente local le da un encanto especial. Además, el precio de los billetes es de entre 2 y 5 dólares por persona, así que, si quieres ahorrar en desplazamientos, es una gran opción. Si prefieres ahorrar tiempo, siempre puedes optar por un speed boat, que tarda unos 45 minutos, aunque el precio es bastante más alto (unos 45 dólares por persona). Encuentra más información sobre cómo moverse entre islas aquí.
Nada más pisar Maafushi, se nota la diferencia con Dhiffushi: más turistas, hoteles grandes, restaurantes y agencias de excursiones por todas partes. Es una isla más animada y masificada, pero también perfecta si quieres hacer actividades y encontrar precios competitivos.
Pasamos la tarde en la piscina del hotel y reservamos una excursión con iCom para el día siguiente. A la hora de cenar, nos encontramos con una pareja de Barcelona que ya conocíamos y que, por caprichos del destino, estaban en Maafushi en las mismas fechas que nosotros. En esta isla, la oferta gastronómica (y la calidad de la comida, por lo menos para nosotros) era mucho mayor que en Dhiffushi, así que fue fácil encontrar un sitio para cenar que nos contentara a todos.
Día 5 – Excursión con iCom en Maafushi
Como hemos dicho antes, Maafushi es una de las mejores islas para hacer excursiones y, por tanto, teníamos claro que, si elegíamos Maafushi como una de las paradas en Maldivas, era precisamente para hacer alguna excursión.
Después de buscar por blogs y foros, nos decidimos por iCom, una de las compañías más conocidas de la isla y fue todo un acierto. Reservamos la excursión la tarde antes y, concretamente, elegimos por hacer la excursión del Shark Bay, la cual tiene como parada un barco hundido (Shipwreck), la isla de Fulidhoo y, para acabar, un banco de arena en medio del océano. El precio de la excursión fue de unos 75 euros por persona.
Salimos temprano y la tripulación, que era encantadora, se encargó de que todo fluyera genial. La primera parada fue Shark Bay, donde tuvimos la experiencia única de nadar rodeados de tiburones nodriza. Simplemente increíble. Después visitamos el Shipwreck, un barco hundido cubierto de corales y lleno de peces tropicales, donde pasamos un buen rato haciendo snorkel. La siguiente parada fue en Fulidhoo, la que sería nuestra siguiente parada en Maldivas dos días después, donde vimos mantas rayas moviéndose bajo el agua en la misma orilla. Por último, paramos a comer en un banco de arena: Estar completamente rodeados de agua turquesa fue uno de esos momentos que no se olvidan.
Pese a lo espectacular de la excursión y a la simpática tripulación que la dirigió, hay que ser sinceros: estos lugares se han hecho muy populares y la cantidad de gente que se junta en el agua le quita magia al momento. De hecho, si tu excursión no es de las primeras en salir por la mañana, es probable que cuando llegues a los puntos de interés éstos estén ya llenos de turistas nadando y buceando.
Además, en grupos grandes (unas 30 personas) siempre hay quien no sigue las indicaciones de la tripulación o actúa de forma poco respetuosa con el entorno. Y, aunque es espectacular ver tantos tiburones y mantas de cerca, parte de ello se debe a que la tripulación les lanza comida, algo que afecta al ecosistema y le quita un poco de magia al momento. En aquel momento, no fuimos conscientes de esto y quizá a día de hoy lo haríamos de forma distinta, pero, aun así, fue uno de los momentos que más recordamos del viaje.
Día 6 – Día perdido en Maafushi
Este día fue menos productivo de lo que nos habría gustado. Por culpa de algo que comimos al mediodía, nos empezamos a encontrar mal por la tarde y nos pasamos todo lo que quedaba de día en la habitación del hotel, así que perdimos la oportunidad de hacer la excursión para ver el tiburón ballena y tuvimos que dejarla para la próxima vez que visitemos Maldivas. Al final, estas cosas también forman parte del viaje: anécdotas que en su momento parecen un fastidio, pero que luego recuerdas con humor y hasta te sacan una sonrisa.
En este caso, agradecimos tener contratado un seguro de viaje, en este caso el «Pack Mochilero» de IATI. Contactamos con ellos y, sinceramente, su respuesta en tiempo y forma fue excelente, dándonos la posibilidad de ser visitados por un médico en Maafushi o incluso de enviar un médico a cualquier isla que nos dirigiéramos posteriormente.
Día 7 – Traslado a Fulidhoo
Nuestro alojamiento en Fulidhoo: Bougainvillea Inn Maldives
Arrancamos el día haciendo maletas y rumbo al puerto de Maafushi. Como a nuestra llegada, el personal del hotel nos llevó al muelle, donde subimos al ferry local (el 306) rumbo a Fulidhoo. Dos horas de trayecto, unos 3,50 dólares por persona, barco lleno y calorcito, pero algo de siesta hizo que pasara rápido.
Al llegar a Fulidhoo, de nuevo había una persona del hotel esperándonos en el muelle para trasladarnos al hotel. Apenas pusimos un pie en la isla, pudimos apreciar que Fulidhoo era la isla más tranquila de las 3 que habíamos visitado. Para nosotros, fue la isla más auténtica de las tres, con la población local más amable y con un ambiente mucho más familiar y cercano, especialmente si se compara con Maafushi.
Nuestro hotel era súper sencillo, apenas tres o cuatro habitaciones, y estaba gestionado por un solo chico que hacía de todo: recibía y despedía a los huéspedes, compraba provisiones, cocinaba y limpiaba. Gracias a su simpatía, nos sentimos muy cómodos y bien atendidos.
Esa tarde la pasamos en la bikini beach de la isla, donde pudimos descansar y relajarnos sin apenas gente a nuestro alrededor. Luego, paseamos por la isla y pudimos ver que ésta está menos cuidada que Dhiffushi y Maafushi, probablemente porque está menos abierta al turismo y es menos visitada que otras islas. Además, era la más pequeña que las tres con diferencia, incluso más que Dhiffushi, así que recorrerla por completo llevaba poco más de 10 minutos.
Terminamos el día con un atardecer espectacular: cielo naranja y rosa sobre el mar, mantas raya y tiburones nodriza nadando junto al muelle, sin turistas alrededor. Solo nosotros y algunos locales pescando y alimentando a los animales, mientras charlábamos con ellos sobre su pesca. Sin duda, Fulidhoo merece unos días para disfrutar de la Maldivas más auténtica y tranquila
Día 8 – Excursión en Fulidhoo
Empezamos el día disfrutando de las playas de Fulidhoo: arena blanca, agua turquesa de catálogo y una bikini beach pequeña pero encantadora en la que estuvimos solos.
A media tarde hicimos una excursión de snorkel con Fulidhoo Dive and Water Sports, en el hotel Kinān Retreat. Tres horas increíbles rodeados de peces de todos los colores, corales llenos de vida y bancos que se movían en sincronía. La tripulación, formada por solo dos personas, fue encantadora y nos hizo un montón de fotos mientras explorábamos bajo el agua.
A diferencia de la excursión en Maafushi, aquí éramos solo cuatro personas en la lancha y no había más barcos alrededor. Tener la costa casi para nosotros hizo que la experiencia fuera mucho más tranquila y auténtica. El precio era algo más alto que en Maafushi, pero mereció la pena por la intimidad y la conexión con el mar.
Gracias a la excursión, conocimos a la simpática pareja que nos acompañó en la lancha. Se trataba de una pareja de Dubái, que nos contó que viajaban a Maldivas casi cada año. Fue muy divertido compartir la experiencia con ellos, reírnos y charlar sobre viajes. Entre playas, snorkel y buena compañía, Fulidhoo nos conquistó por completo.
Terminamos el día cenando juntos y celebrando, justo a la medianoche del 21 de noviembre, el cumpleaños de Carla en un entorno imposible de olvidar.
Día 9 – Cumpleaños en Fulidhoo pasado por agua
Este día amaneció gris y la lluvia no dio tregua. Todo el día estuvo cayendo agua, a ratos suave y a ratos en forma de auténtico chaparrón. No hubo playa ni excursiones. Teníamos pensado hacer una excursión para ver delfines y celebrar así el cumpleaños de Carla, pero con la lluvia y el mar revuelto no se llevó a cabo ninguna, así que tuvo que soplar las velas en el hotel. A veces, el destino tiene estos caprichos y nos tocó pasar el día en el hotel.
Cuando, ya por la tarde, amainó por fin la lluvia, salimos a pasear por la isla y a contemplar, por última vez, el atardecer en una pequeña isla de Maldivas. No fue el último día soñado en Fulidhoo, pero por suerte a esas alturas ya habíamos vivido suficientes momentos como para llevarnos mil y un recuerdos a casa.
Día 10 – De Fulidhoo a Malé: el contraste total
De nuevo, el simpático chico del hotel nos llevó al muelle para coger el último ferry de nuestro viaje a Maldivas, esta vez con destino a Malé, donde llegamos casi dos horas horas después. Llegar a la capital del país fue como llegar a otro mundo: pasamos de la calma absoluta a una ciudad caótica y ruidosa, con calles estrechas llenas de motos, mucho tráfico y edificios altos por todas partes. A decir verdad, en nuestra opinión Malé no tiene mucho encanto turístico, y la verdad es que puede resultar un poco agobiante después de la tranquilidad de las islas locales. Aun así, fue curioso ver la otra cara de Maldivas, la más urbana y cotidiana, que pocas veces aparece en las fotos.
Debido al poco tiempo que tuvimos en la capital, únicamente pudimos pasear un rato antes de coger el vuelo de vuelta. Con el ajetreo, el ruido y el caos de Malé despedimos nuestro viaje a Maldivas en 10 días. Nos fuimos con una mezcla de nostalgia y felicidad, sabiendo que este viaje nos había regalado experiencias únicas: playas paradisíacas, snorkel inolvidable, la calidez de la gente local y también esas pequeñas anécdotas que hacen que cada viaje sea diferente.
